domingo, 4 de noviembre de 2012
viernes, 2 de noviembre de 2012
domingo, 14 de octubre de 2012
sábado, 13 de octubre de 2012
viernes, 12 de octubre de 2012
domingo, 7 de octubre de 2012
sábado, 6 de octubre de 2012
miércoles, 26 de septiembre de 2012
jueves, 20 de septiembre de 2012
Llamamiento a una nueva Cruzada
El mayor peligro para la libertad en el mundo es el islamismo. El mayor peligro para la Humanidad y la supervivencia de la especie. Es un grupo parasitario que carece y abomina de la ética del trabajo y una secta destructiva que predica el asesinato y el genocidio de cualquiera que no piensa como ellos o que, en su interior, plantea cualquier discrepancia.
Las evidencias de ese peligro son patentes y constantes cada día: asesinatos de cristianos en las naciones de mayoría musulmana, odio y asesinatos de occidentales, asaltos de embajadas norteamericanas, guerras civiles, amenazas de exterminio, carreras armamentísticas, fanatismo, barbarie. Y dentro de la misma Europa, disturbios vandálicos, agresiones xenófobas a los no musulmanes, intentos constantes de imponer las propias costumbres.
Es urgente afrontar este riesgo con decisión radical, porque el tiempo corre en contra si no se adopta una posición clara de firmeza que en esta sociedad que por tener miedo a la vida y a la libertad ha tomado miedo a las palabras, no tiene otro nombre que una nueva Cruzada.
Es preciso cuanto antes erradicar y aislar lo islámicamente correcto por lo que se cubre con un velo de estupidez la evidencia. No se trata de una minoría que haga una lectura incorrecta del Corán, ni que sea mucho menos repudiada por el resto. No hay ninguna primavera árabe, ni nada que justifique, ni de lejos, la metáfora primaveral. Hay un invierno de fanatismo y barbarie que se extiende por el mundo y que amenaza con anegar en su lodazal a las sociedades occidentales. Se trata de la secta mahometana como tal, de su texto canónico y de su terrible praxis a través de la sharia.
No hay musulmanes moderados. Puede haber y hay moderados exmusulmanes, pero en cuanto musulmanes son un peligro para la civilización, pues el único texto válido para la relación con los infieles es la llamada aleya de la espada: “Matadlos allá donde los encontréis”. Los no musulmanes no tienen ni la categoría de seres humanos pues son “peores que las bestias a los ojos de Alá”. La exaltación del asesinato, el precepto de matarás es constante en la tediosa reiteración coránica.
No hay integración posible. Todos los preceptos coránicos y de las recopilaciones de hadices de la Suna buscan la exclusión y la conformación de una comunidad cerrada y agresiva, que se manifiesta hacia dentro mediante la imposición, la coacción y el asesinato (el decreto de takfir o apóstata) y hacia fuera mediante la violencia irrestricta, de la jihad o guerra religiosa. Está prohibido tener amistad con los no musulmanes, aunque se acepte la simulación o taqiya. Es notorio que en la medida en que las poblaciones musulmanas llevan más tiempo en las sociedades occidentales los problemas que generan son mayores. Es decir, que es peor en la segunda generación y mucho peor en la tercera generación. Aberraciones como los crímenes de honor o la ablación del clítoris se incrementan.
Es fundamental no callarse nunca frente a quienes tratan de desarmar a las sociedades occidentales, indicando que se trata de cuestión de tolerancia o ante los que frente a la evidencia acusan de continuo de xenofobia y racismo a quienes señalan este tremendo riesgo civilizatorio. Es cada vez más patente en las sociedades europeas un racismo antieuropeo, una osadía violenta de los musulmanes. E insisto por si queda algún incauto: no es Al Qaeda, es la secta mahometana, Al Qaeda sale de ella de manera natural en cuanto al rigorismo y la barbarie.
Esa nueva Cruzada debe conducir a la expulsión de las poblaciones musulmanas del conjunto del continente europeo. No podemos trasladar este conflicto gravísimo a las futuras generaciones en términos irresolubles. Debe cortarse cualquier subvención a los musulmanes y a las asociaciones musulmanas. Esta tremenda invasión, con demografía expansiva, está siendo realizada con subvenciones extraídas del contribuyente mediante la coacción estatal. En España la mayoría de esas poblaciones no producen nada, no trabajan en nada real, sino que viven del esfuerzo de los demás. Los políticos pretenden tener ahí un grupo mascota dependiente de las ayudas estatales. Pero los políticos actuales son nuestros enemigos, son enemigos de la civilización. Esta postura de claridad está ampliamente extendida en las poblaciones, es muy mayoritaria, pero es continuamente ocultada bajo dictados políticamente estúpidos.
La nacionalidad no es una patente de corso. Implica no promover ni propugnar el asesinato de los demás connacionales y la igual dignidad de todos ellos, hombres o mujeres. Por tanto, la nacionalidad ha de ser quitada judicialmente cuando esos requisitos no se cumplen. Los musulmanes no los aceptan.
Esa Cruzada ha de ser europea y ha de conjugar esfuerzos de fuerzas aparentemente distantes, pero que tienen esta cuestión meridianamente clara. Para romper lo políticamente correcto hay que actuar dialéctica y políticamente con radicalidad. No hacerlo traería mucho más graves consecuencias en el futuro. Esta Cruzada se puede y se debe ganar.
Enrique de Diego.-
sábado, 1 de septiembre de 2012
lunes, 27 de agosto de 2012
lunes, 9 de abril de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
sábado, 21 de enero de 2012
viernes, 20 de enero de 2012
lunes, 2 de enero de 2012
martes, 27 de diciembre de 2011
La nueva Cruzada
¿En 2020 los turistas que visiten Paris irán a ver la mezquita de Notre-Dame y el minarete Eiffel? A causa de una inmigración masiva y de la dhimmitud oficial de los dirigentes europeos, los musulmanes realizan hoy lo que no lograron hacer los tiempos de su expansión inicial: conquistar Europa.Europa se está islamizando a una velocidad tal que incluso el historiador Bernard Lewis, uno de los más prestigiosos orientalistas vivos, declaró hace unos años en una entrevista al diario alemán “Die Welt” que “Europa será musulmana antes del fin de este siglo”.
Posiblemente lo sea bastante antes. De persistir las actuales tendencias, Francia, Bélgica, Países Bajos y otros países de Europa occidental podrán tener mayorías musulmanas hacia la mitad del siglo en curso. Mientras tanto, esas minorías musulmanas en rápido crecimiento se vuelven cada día más autoritarias, reivindicativas y perturbadoras.
Europa cosecha lo que ha sembrado. Europa empezó hace unos treinta años a tomar la vía del apaciguamiento, del compromiso y de la abdicación cultural frente al islam a cambio de beneficios políticos y económicos de corto alcance. En efecto, asistimos entre el asombro y la alarma a la transformación acelerada y casi sin obstáculos, de la vieja y brillante Europa en un continente de cultura híbrida árabe-europea, una aberrante e imposible simbiosis islamo-”cristiana” (con comillas, evidentemente, que de cristiana, nuestra cultura lo es cada vez menos) destinada a la catástrofe.
La situación en Europa se ha vuelto inquietante y urge hacer algo. Tal vez sea necesaria una nueva cruzada, pero de una especie diferente a las llevadas a cabo en la Edad Media. ¡Palabras intolerables e incluso criminales para la actual mojigatería bienpensante que domina nuestro triste y acomplejado panorama intelectual y espiritual! Pero teniendo en cuenta que las Cruzadas fueron ante todo una defensa contra el imperialismo islámico, una nueva cruzada, en esa perspectiva no solamente es posible sino deseable.
Estamos ya encaminados a una guerra entre dos conceptos radicalmente diferentes e irremisiblemente incompatibles en la manera de gobernar un Estado y administrar una sociedad, y ese combate Occidente no tiene excusa alguna para no emprenderlo. Europa tiene mucho que defender, y lo puede perder todo si no abandona pronto esa suicida pasividad y arrincone definitivamente esos equivocados complejos y falsas culpas que inmovilizan a todo un continente anulando todo instinto de conservación y toda voluntad de permanecer. En efecto, la lucha contra la sharia no es otra cosa que la defensa de los derechos humanos (una idea nacida en Occidente y negada por el islam) y de todos los logros y conquistas de la civilización europea. Todos en Occidente, creyente o no, cristiano o ateo humanista debería admitir que este es un mundo y unos valores que merecen ser defendidos, y que Europa es una idea, y no cualquier idea, que debe perdurar.
Lo que debemos hacer no es una “guerra contra el terror” (como nos dicen los políticos que no ven más allá de las próximas elecciones y de sus mezquinos intereses partidarios) y nos alecciona su rastrero servicio doméstico, prensa y demás “intelectuales” de régimen. El terror no es el enemigo, es el arma, una de ellas, del enemigo. El terror es una táctica, no el adversario. Llevar adelante una guerra contra el terror es como hacer una guerra contra las bombas: es confundir el arma del enemigo con el enemigo mismo. Y no conocer al enemigo por ignorancia, ceguera o cálculo político es un error mayúsculo. Reconocer sin dudas ni titubeos que estamos frente a una nueva jihad es el primer paso en la vía para combatir a nuestro enemigo. Los jihadistas le han declarado la guerra a Occidente y a otras naciones no musulmanas. Todo lo que tenemos que hacer es reconocer al enemigo tal como él mismo se ha definido y declarado.
Los europeos y los demás occidentales deben tomar conciencia que están frente a una ideología totalitaria, conquistadora y expansionista, y actuar en consecuencia. Deben también empezar a renunciar a los dogmas actuales de lo políticamente correcto que les atan de pies y manos ante sus agresores y le ponen a merced de sus verdugos. Los efectos deletéreos del multiculturalismo han generado un odio suicida hacia Occidente entre las actuales generaciones. Hay que erradicar esa nefasta ideología antieuropea y contraria a las propias leyes de la naturaleza de los manuales escolares y de la cultura en general. La cultura occidental ha producido unos derechos humanos casi universalmente aceptados (menos por el mundo islámico) y unos adelantos tecnológicos que han sobrepasado los sueños más optimistas de las generaciones pasadas y muchas cosas más. Sin embargo, nuestros dirigentes y nuestros educadores nos dicen que debemos avergonzarnos de nosotros mismos.
Es tiempo de decir “¡Ya basta!” y enseñar a nuestros hijos que hay que estar orgullosos de nuestra herencia. Que sepan que poseen una cultura y una historia de las que deben estar agradecidos, que no son hijos ni nietos de criminales y opresores, que nuestros hogares y nuestras familias y la tierra en que reposan nuestros muertos, regada por la sangre, el sudor y las lágrimas de tantas generaciones que han hecho lo que somos y han creado aquello que hoy disfrutamos y estamos a punto de perder, merecen la pena de ser defendidos contra aquellos que quieren privarnos de todo lo nuestro y están dispuestos a matar para conseguirlo.
Llamemos a esto una cruzada.
Fuente: AQUI
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